martes, septiembre 12, 2006

Andrés Trapiello, Onán de León

Andrés Trapiello me parece un escritor indefinido. No lo quiero adjetivar. Si digo extraordinario o prodigioso o notable, no hago más que recurrir a la veladura tópica. Un escritor indefinido. Así. Ambiguo. Se lleva mal con los géneros y ha tenido los santos cojones de hacerse diarista cuando no lo conocía casi nadie. Hombre, que escriba diarios Amiel, pase. O Napoleón. O Azaña. Pero que, uno que va de trapillo o trapiello, que novelea pero no acaba de novelear y que sale al campo de batalla con su solo amor a las armas y a las letras, haga un juego de axilas y se saque de la bocamanga no ya un diario, sino una colección de diarios con sus títulos (por adelantado) y todo... Eso es locura tamaña. O este Andrés está como las maracas famosas del famoso bolerista, o tiene una confianza en su estrella que ya la hubiera querido Balzac. En fin. Lo que sea. Singular salida al campo de batalla, por original y por delirante, la de Trapiello.

domingo, septiembre 03, 2006

Nacho Escolar contra Jiménez Losantos

Escolar se va con Francino, a la Ser, ¿qué tendrá Escolar? Talento joven, descarado, previsible, colocado... Escolar es un listo, el más avispado. Otros blogueros podemos tenerle envidia, pero él se lo sabe montar. Escolar, mucho lo tuyo, tío. Cómo molas, maricón.

domingo, agosto 27, 2006

Jiménez Losantos, un aragonés disparatado

La curiosa patología o el caso Jiménez Losantos. Si será la vida paradójica, que el más inteligente es el más tonto. O sin el más. El accidente Losantos es una irregularidad portentosa con que nos premia esta tierra pródiga en tipos extravagantes. Podría ser un Ganivet con mando en linotipia virtual, podría ser la reencarnación de Torquemada pasado por el capitalismo de Wall Street, podría ser un cruce de doña Jimena con la faja de Isabel la Católica. Es, sencillamente, un loco genial. Un genio del lugar. Un disparate aragonés con música de Falla, aguafuerte de Solana y sordera buñuelesca.
Federico, pequeño pero grande en ocurrencias, quiere eliminar contradicciones a cañonazos. No amaga y luego da, sino que pega por darse el gusto y ver si duele en rostro ajeno. Quienes quieren buscarle las cosquillas, en sus divertidas comparecencias en Internet, le preguntan por las paradojas del catolicismo, por ver si así salta y pone en riesgo su plaza en la onda popular. Pero Losantos es listo y escurridizo, tiene reflejos y gancho, y no se deja atrapar. Pero se le ven las costuras, porque el de Teruel es ateo y no profesa otra fe que la del neoliberalismo fiero, el sagrado capital. Hasta en eso yerra el tiro, él que se cree tan listo. ¿No será preferible un Dios henchido de trascendencia y misterio a un ídolo de metal y percusión?
El Federico político me indigna y me admira. El Federico literato me interesa, me conmueve y me invita a la discrepancia. El Federico histórico me da mil vueltas, no le sigo, ni ganas de enfangarme en las glorias de la patria mía. El Federico que analiza la cuestión de Oriente Medio, o Próximo, me asombra.

martes, agosto 22, 2006

Camilo José Cela resistiendo al Opus

Paciencia, el que resiste gana, dijo Cela. Y, ¿tenía razón? No sé, a él, a su cadáver exquisito, le hizo la autopsia su amigo Umbral. Y Musil sólo dijo: No puedo llegar más lejos. He ahí el hombre y sus atributos. Amén, y el Opus Dei nos libre de todo milagro: Barbastro.

viernes, agosto 18, 2006

Dios en bragas

¿Y si Dios fuera del Opus Dei? ¿Y si la literatura fuera una rama de la anatomía? ¿Cabría imaginar a Dios en bragas? ¿Quién estoy más loco yo o la señora madre (que no puta) de monseñor Blázquez? Ah, y Federico Jiménez Losantos, en el país de los ciegos, es el enano.

miércoles, agosto 16, 2006

En el Nilo ya no quedan cocodrilos

Egipto es una onda expansiva que va creciendo, una sorpresa que se torna asombro, y un mecano que nunca acabas de completar. Es fácil ponerse estupendo, pero con el mundo egipcio siempre te quedarás corto. Las Pirámides retan al sentido común, a los afanes creativos y a cualquier atisbo de lógica. Tres millones de piedras, de en torno a las dos toneladas y media, conforman el sostén de una pirámide como la de Keops. Infancia religiosa del mundo, impulso genesiaco del Nilo, locura de brazos alzados, las palabras apenas pueden sostener el organigrama del misterio.
Cinco mil años atrás el sol salía cada mañana y los lejanos hombres de aquellas tierras ponían piedra sobre piedra, levantando un monumento funerario que era un imponente dique al tiempo y a sus efectos corrosivos. Frente a su locura, forjada en una apoteosis de la fe que hoy se nos antoja inverosímil, el turista mira las colosales montañas de piedra con una mezcla de arrobo naif y de indiferencia, como si le pesaran los gigantescos bloques, incapaz de encontrar en su interior cansado una equivalencia con aquel hombre remoto dado a la desmesura.
Keops, Kephren y Micerinos es la tripleta de faraones cuya estela mortal ha quedado plasmada en figuras de pirámides fantásticas, como un desafío a la evidencia, y una marca sólida y estable de un tiempo al que casi no cabe colocar ni la etiqueta de antiguo. Remotos albores de un hombre ya armado, forjado en el amor al saber y en el gusto por los placeres, dotado para el sacrificio, empeñado en ganar plaza de inmortal. Por este territorio, tomado por aguadores, propietarios de camellos y burritos, vendedores de refrescos y guías nos movemos miles de turistas, con la boca abierta por el calor, la cámara a punto de foto y el vídeo a todo rendimiento. Vamos vestidos con los atuendos propios de la ocasión, bermudas, short las chicas, camisetas, gorras. No falta, incluso, la muchacha que acude a esta temprana cita pintarrajeada, con la cara hecha un cromo, como quien va a una fiesta de sociedad o acude a la oficina para que le vea las piernas el jefe, solo que aquí nadie mira las piernas, el calor derrite las pocas ideas, y uno se queda mirando el atuendo de algún turista o nativo que lleva la camiseta de Beckamp, la de Ronaldo, la de Etoo o la de Ronaldinho. Y se te va la cabeza y piensas que acaso dentro de varios miles de años las multitudes acudirán al Bernabeu a contemplar las pirámides funerarias de estos verdaderos colosos de nuestro tiempo.
La efigie, dorada por los soles de cinco mil años, ha aguantado hasta ahora al raso las acometidas de la naturaleza, las fiebres mortales de la historia y el cáncer sutil de la cotidianidad. Ha servido de improvisada diana para un reducto maleante de la soldadesca de Napoleón, sin inmutarse, del mismo modo en que impávida ha visto acercarse y luego irse a los ejércitos de Alejandro Magno, de Julio Cesar o a diversas milicias de Alá. Como una diosa de piedra, prueba palpable de un tiempo en que el artista miraba más allá de su faltriquera y de las vanidades presentes, la efigie es una muestra sencilla de cómo el arte cuando nace en la hondonada de lo auténtico puede echar un pulso a Cronos. Solo que ahora, justo ahora, en este siglo de certidumbres tecnológicas, la colosal imagen amenaza con venirse abajo. Algunos expertos no le auguran más allá de ochenta años de vida. ¿Cabría mayor baldón para el homo tecnologicus que contemplar como esa formidable creación del hombre egipcio venia a derrumbarse justo en esta orilla cansada de la historia, cuando casi todo es posible, pero casi nada nos mueve a emprender la aventura? Me asalta una frase: "Podrás hacer lo que quieras, lo difícil es querer hacer algo". Lo dijo a mediados del XX un artista que conocía bien la materia de que están hechos nuestros desengaños.

Morirse

Morirse es una costumbre muy antigua a la que todavía no se ha sustraído nadie. Hoy se ha muerto Carlos Luis Álvarez, Cándido, un columnista de pulso antiguo, prosa inteligente y perfil romano. Le he leído durante años con gusto. De él dijo Umbral: "Cándido tiene la mala suerte de ser más inteligente que la mayoría de sus lectores". Descanse, ya sin máscara, el volteriano astur Carlos Luis Álvarez.

lunes, agosto 14, 2006

Onan el masturbador

Si escribir un blog es como masturbarse, me da que no hay caso. He querido hacer la prueba de echar una botella al mar y ver que sale. Nadie sabe de la existencia de este blog, nadie conocido. Ni siquiera Onán. Esto es una experiencia piloto. Quiero constatar si en la blogosfera puede oírse una voz. Una voz en el desierto profundo de agosto. De modo que no quiero jugar a mirarme en el espejo. Quiero que si estás ahí, si alguien está en este sitio, me dé una voz, o una palmada, que diga sencillamente: yo, aquí.

Minuto cero

Estoy perdido. Me ahogo: no sé nadar. ¿Hay alguien ahí?